Originalmente, encontramos una construcción en planta baja de 1940. Tenía una altura generosa, y un patio colonizado por volúmenes en ruinas. Poseía una curiosa estructura de ladrillo ‘tocho’, una fachada protegida con reminiscencias modernistas, y un muro al sur cegado, sin aberturas, desaprovechado, tratado como si fuese una medianera, aunque de a la calle.
Relocalizamos el acceso principal y eliminamos la organización tradicional a dos manos, ya descontextualizada, reordenando en una organización central en torno al patio. Priorizamos recibir luz natural desde todas las orientaciones privilegiadas. Se utiliza la inercia térmica del suelo para aprovechar su energía en invierno, y se plantean estrategias de control solar para el verano, con dobles capas de ventilación y pozos de luz y salida del calor. La casa, como un reloj, habita intensamente los cambios de estación y temporales a lo largo del año y del día. La fachada lateral, a sur, abre huecos y se consolida, se realiza un trabajo estético de conjunto, para dotar de un sentido a todas las fachadas contiguas. No se copia la fachada antigua, y tampoco se trabaja por contraste, sino que se utiliza un lenguaje coherente, que facilita la integración de la nueva casa en el conjunto del barrio, con propuestas legibles y en cierto modo optimistas.
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